Úlimamente escucho sólo el ruido de las hojas y ya no bailo. Me acuesto sobre las sábanas calientes pero no puedo dormir y las piernas me duelen.
Los chicles se alargan como noche, suenan a chirrido de bebé irritante y desesperado.
No hay foto que me valga. Pierdo la fe en la risa.
A veces creo que no se puede pero el frío, pero el viento, pero la luz de bajo consumo.
El miedo es un azulejo en la pared que me refleja. Vuelvo a caer.
No creo que haya palabras, no hay ganas, no hay muchachos en la calle ni excusas para gritar. Hay que crecer y quiero pegarle y hay que crecer.
Ya no tengo cinta métrica, ni dedos, ni escaleras. Cuando lloro veo arcoiris.
Este tipo me dijo que el surrealismo murio mientras veo las cicatrices en su cara, sólo eso me importa. Además, me duele la mano por una paja.
No mirés la paja en el ojo de tu hermano.
No te caigas todavía.
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